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Cinco preguntas para conectar con el mundo emocional de tu hijo

Madre e hija conversando tumbadas y sonriendo, un momento para hablar de emociones

«¿Qué tal el colegio?»

«Bien».

«¿Qué has hecho hoy?»

«Nada».

Muchas familias reconocen esta conversación. Los padres quieren saber cómo están sus hijos, conocer sus preocupaciones y compartir lo que han vivido durante el día. Sin embargo, no siempre consiguen que los niños se abran.

A veces hacemos preguntas demasiado generales. Otras veces esperamos respuestas inmediatas cuando el niño todavía está procesando lo que ha vivido.

Conectar con el mundo emocional de nuestros hijos no consiste en hacerles muchas preguntas, sino en aprender a escuchar de una manera diferente.

¿Por qué es importante hablar de emociones?

Los niños necesitan tiempo y acompañamiento para identificar lo que sienten.

No siempre saben distinguir entre tristeza, frustración, vergüenza, miedo o enfado. En ocasiones, todas estas emociones aparecen mezcladas y se manifiestan mediante comportamientos que los adultos interpretamos como desobediencia, mal humor o falta de colaboración.

Ayudarles a poner palabras a sus experiencias puede favorecer que desarrollen progresivamente un mayor conocimiento de sí mismos.

Además, cuando un niño siente que puede hablar sin miedo a ser juzgado, corregido o ridiculizado, resulta más fácil que comparta sus preocupaciones.

Esto no significa que tengamos que resolver todos sus problemas. Muchas veces, escuchar ya es una parte fundamental del acompañamiento.

Cinco preguntas para acercarte a su mundo interior

No son preguntas mágicas ni garantizan que el niño vaya a contarnos todo lo que siente. Son propuestas para abrir conversaciones y mostrar interés por su experiencia.

Cuaderno con cinco preguntas para hablar de emociones con un niño, junto a unos lápices de colores

1. ¿Qué ha sido lo mejor de tu día?

Esta pregunta ayuda a dirigir la atención hacia las experiencias agradables.

Puede que el niño recuerde un juego, una conversación, una actividad o un momento en el que se haya sentido especialmente bien.

También nos permite conocer qué cosas disfruta y qué situaciones le hacen sentirse satisfecho.

No hace falta convertir la respuesta en una lección. Podemos limitarnos a escuchar y compartir su entusiasmo.

2. ¿Ha habido algo que te haya hecho sentir mal o incómodo?

Esta pregunta abre la posibilidad de hablar de experiencias difíciles sin dar por hecho que ha sucedido algo negativo.

Quizá el niño ha discutido con un amigo, se ha sentido excluido de un juego, ha cometido un error o simplemente ha tenido un día complicado.

Si responde que no, no debemos insistir. Si comparte algo, podemos escuchar antes de ofrecer soluciones.

Una respuesta como «¿quieres contarme un poco más?» puede ser más útil que comenzar inmediatamente a aconsejarle.

3. ¿En qué momento te has sentido acompañado?

Con esta pregunta podemos explorar cómo vive el niño sus relaciones.

Puede recordar que un compañero le ayudó, que su profesor le escuchó o que alguien de la familia estuvo a su lado cuando lo necesitaba.

También puede descubrir que hubo momentos en los que se sintió solo o poco comprendido.

No debemos utilizar la pregunta para evaluar a otras personas, sino para conocer cómo experimenta el niño sus vínculos.

4. ¿Qué has necesitado hoy y no has sabido pedir?

Los niños no siempre identifican sus necesidades ni saben expresarlas.

Quizá necesitaban ayuda, descansar, estar un rato tranquilos, recibir un abrazo o que alguien les explicara algo de otra manera.

Esta pregunta puede ayudarles a comprender que detrás de algunas reacciones hay necesidades que podemos aprender a comunicar.

También nos invita a los adultos a observar si estamos interpretando correctamente lo que el niño necesita.

5. Si mañana pudieras cambiar una cosa, ¿qué cambiarías?

Esta pregunta permite explorar preocupaciones, deseos y situaciones que al niño le gustaría que fueran diferentes.

Puede hablar de algo pequeño, como cambiar una actividad, o compartir una dificultad que lleva tiempo preocupándole.

Lo importante es no juzgar su respuesta ni restarle importancia porque desde nuestra perspectiva parezca poco relevante.

Para él, aquello que cuenta puede tener un significado importante.

Cómo escuchar las respuestas de tu hijo

Las preguntas son solo el comienzo. La forma en que escuchamos puede ser incluso más importante que las palabras que utilizamos.

No conviertas la conversación en un interrogatorio. No es necesario hacer las cinco preguntas seguidas. Puedes elegir una y dejar que la conversación avance de forma natural.

Evita corregir inmediatamente sus emociones. Si te dice que está enfadado, no necesitas explicarle enseguida por qué no debería estarlo. Primero intenta comprender qué ha ocurrido.

No minimices sus problemas. Una discusión con un amigo puede parecer insignificante para un adulto, pero ser muy importante para un niño.

Respeta sus silencios. No todos los niños hablan con facilidad. Algunos necesitan tiempo, tranquilidad o realizar otra actividad mientras conversan.

Comparte también tus emociones de forma adecuada. Puedes explicar que tú también tienes días difíciles y que hablar de lo que sientes puede ayudarte a comprenderlo mejor.

¿Y si no quiere hablar?

Es importante entender que conectar no significa conseguir que el niño nos cuente todo.

Puede que esté cansado, distraído, preocupado o que simplemente no quiera hablar en ese momento.

En lugar de insistir, podemos transmitirle disponibilidad:

«Cuando quieras contármelo, estaré aquí».

También podemos aprovechar momentos cotidianos: durante un paseo, mientras dibujáis, antes de dormir o cuando compartís alguna actividad.

A veces, las conversaciones más importantes no aparecen cuando las buscamos, sino cuando el niño siente que no tiene que responder a ninguna expectativa.

Madre abrazando a su hijo mientras contemplan juntos el paisaje al aire libre

La conexión emocional se construye todos los días

La confianza no se crea con una pregunta concreta ni con una conversación aislada.

Se construye poco a poco, mediante la atención, la escucha, el respeto y la disponibilidad de los adultos.

Un niño necesita saber que puede compartir sus alegrías, pero también sus miedos, errores, enfados y preocupaciones. Y necesita comprobar que sus emociones no ponen en peligro el vínculo con las personas que le quieren.

No siempre tendremos la respuesta adecuada. No siempre podremos solucionar lo que le preocupa. Pero podemos ofrecer algo esencial: nuestra presencia.

A veces, la mejor manera de acercarnos al mundo emocional de nuestros hijos no es preguntarles más, sino aprender a escucharles mejor.

Dra. Navarro Pediatra

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