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Miedos infantiles: cómo acompañar a tu hijo

Niña en la cama tapándose con la manta porque le cuesta dormir sola

Hay niños que tienen miedo a dormir solos, a separarse de sus padres, a subir a un coche, a acudir al colegio o a enfrentarse a determinadas situaciones cotidianas.

A veces, los adultos intentamos encontrar una explicación inmediata. Les preguntamos qué ha pasado, cuándo empezó o por qué tienen tanto miedo. Sin embargo, no siempre los niños saben identificar el origen de lo que sienten.

Esto puede generar frustración en las familias: el niño sufre, los padres quieren ayudarle y, aun así, no encuentran una explicación clara.

Para acompañar estos miedos, conviene comprender primero que las emociones infantiles no siempre pueden expresarse con palabras.

Los niños no siempre saben explicar lo que sienten

El desarrollo emocional y el desarrollo del lenguaje no avanzan exactamente al mismo ritmo.

Un niño puede experimentar angustia, inseguridad o miedo sin disponer todavía de las palabras necesarias para describir lo que le ocurre.

En ocasiones, expresa su malestar a través del comportamiento: evita determinadas situaciones, busca constantemente la presencia de sus padres, se despierta por la noche o manifiesta rechazo ante actividades que antes realizaba con normalidad.

Estas conductas pueden tener explicaciones muy diferentes. Pueden relacionarse con cambios en su entorno, etapas del desarrollo, experiencias recientes, cansancio, dificultades emocionales o aprendizajes previos.

Por eso, es importante observar sin sacar conclusiones precipitadas.

La memoria emocional y las experiencias tempranas

La memoria humana incluye diferentes procesos.

Algunos recuerdos pueden recuperarse conscientemente y explicarse mediante palabras. Otros aprendizajes se manifiestan a través de asociaciones, sensaciones o respuestas que no siempre sabemos describir.

La memoria implícita participa en este segundo tipo de aprendizaje. Por ejemplo, una persona puede sentir tranquilidad en un entorno familiar o experimentar inquietud ante una situación que asocia con una experiencia desagradable, aunque no pueda explicar con precisión esa asociación.

En los niños, estas formas de aprendizaje pueden ser especialmente relevantes porque durante los primeros años todavía están desarrollando sus capacidades para comprender, organizar y narrar lo que viven.

Ahora bien, esto no permite concluir que un miedo actual proceda necesariamente de un trauma infantil olvidado. Tampoco significa que podamos identificar una experiencia concreta a partir de una conducta o una reacción emocional.

El miedo es una respuesta compleja y puede tener múltiples causas.

Cuando el miedo aparece sin una explicación evidente

Imaginemos que una niña de nueve años comienza a tener dificultades para dormir sola. Sus padres no identifican ningún acontecimiento concreto que explique ese cambio.

Podrían aparecer muchas preguntas: ¿ha sucedido algo en el colegio?, ¿ha cambiado alguna rutina?, ¿está preocupada por algo?, ¿necesita más acompañamiento durante esta etapa?

En lugar de buscar una explicación única, lo adecuado sería observar cuándo aparece el miedo, cómo se manifiesta y qué situaciones parecen intensificarlo.

También podemos imaginar a un niño de doce años que experimenta un miedo intenso a viajar en coche o en avión. En su historia existe un ingreso hospitalario durante sus primeros años de vida.

Esa información puede formar parte de su historia personal y ser relevante para una valoración profesional, pero no demuestra por sí sola que aquel ingreso sea el origen de su miedo actual.

Estos ejemplos nos recuerdan algo importante: conocer la historia del niño puede ayudar a comprenderlo, pero no debemos convertir una hipótesis en una certeza.

Niño mirando por la ventanilla sentado en el asiento trasero de un coche

Qué debemos evitar cuando un niño tiene miedo

Con la intención de ayudar, los adultos podemos cometer algunos errores involuntarios.

Restar importancia a su emoción. Frases como «no pasa nada», «eso no da miedo» o «eres demasiado mayor para tener miedo» pueden hacer que el niño sienta que no está siendo comprendido.

Obligarle a enfrentarse de golpe a lo que teme. La exposición a situaciones difíciles debe adaptarse al niño y a sus necesidades. Forzarle sin acompañamiento puede aumentar su malestar.

Buscar una explicación a cualquier precio. No debemos presionar al niño para que encuentre un recuerdo o relate algo que no sabe explicar.

Hacer preguntas que sugieran una respuesta. Preguntar repetidamente si alguien le hizo daño o si ocurrió algo concreto puede condicionar su relato. Es preferible utilizar preguntas abiertas y escuchar sin dirigir sus respuestas.

Cómo acompañar el miedo infantil

Hay varias formas de ayudar a un niño a sentirse comprendido y acompañado.

  1. Reconoce su emoción. Puedes decirle: «Veo que esto te está dando miedo» o «Entiendo que ahora mismo te cueste».
  2. Escucha sin interrogar. Dale espacio para hablar, pero no le obligues a explicar algo que todavía no sabe expresar.
  3. Ofrece seguridad. Hazle saber que puede acudir a ti cuando necesite ayuda.
  4. Avanza progresivamente. Cuando sea adecuado, podéis buscar pequeños pasos para afrontar aquello que le preocupa.
  5. Observa los cambios. Presta atención a cuándo aparece el miedo, cuánto dura y cómo afecta a su vida cotidiana.

Si el miedo es intenso, persistente, aumenta con el tiempo o interfiere significativamente en el sueño, las relaciones, el colegio o las actividades habituales, conviene consultar con un profesional.

Madre abrazando a su hijo para transmitirle calma y seguridad

Comprender no significa encontrar siempre un acontecimiento oculto

Acompañar emocionalmente a un niño no consiste en descubrir necesariamente qué experiencia está detrás de cada miedo.

A veces encontraremos una explicación clara. Otras veces no. Y eso no significa que estemos haciendo algo mal.

Lo verdaderamente importante es no minimizar lo que siente, no imponerle interpretaciones y ofrecerle un espacio seguro en el que pueda expresar su malestar.

No siempre necesitamos saber exactamente por qué tiene miedo para empezar a ayudarle. A veces, el primer paso es que sepa que no tiene que afrontarlo solo.

Dra. Navarro Pediatra

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