¿Por Qué tu Hijo Tiene que Jugar Más con la Tierra?

¿Cuántas veces has dejado a tu hijo o hija jugar con el barro y saltar sobre los charcos después de una lluvia? 

 

Como madre sé lo tedioso que es limpiar constantemente la ropa de mis hijos cuando juegan en la naturaleza o el parque, pero… 

 

¿Sabías que por evitar que se ensucien, estamos haciendo que se vuelvan más tontos y menos felices?

 

Nuestros hijos tienen un sistema inmune más fuerte cuando los dejamos que jueguen con el suelo, o mejor dicho, la tierra.

 

Sígueme a lo largo de este artículo donde te explico los enormes beneficios de jugar en la naturaleza con la tierra y el barro.

 

EL SISTEMA INMUNE

Pero primero vamos hacer una aclaración sobre lo que quiero decir cuando hablamos de tierra. Aquí no hablamos ni del suelo de tu casa, ni de las piedras o rocas ni siquiera de la arena, pues todas ellas son inertes, muertas.

 

Cuando hablamos de tierra, me vengo a referir a aquello que esta vivo, compuesto de millones de microorganismos vivos, que contienen bacterias, hongos y nutrientes disponibles.

 

Bien, el ser humano tiene 2 partes del sistema inmune, tenemos por un lado nuestro sistema innato heredado por nuestros padres y en especial nuestras madres, gracias a que han estado expuestas a millones de microorganismos y a todos aquellos anticuerpos defensores que ha ido creando.

 

Por otro lado, tenemos al sistema inmune adquirido, la parte no innata que aprende de haber estado expuesto al ambiente.

 

Así que, igual que en los adultos pero especialmente relevante para los niños, cuando nuestros niños cogen resfriados por infección de virus, lo mejor que podemos hacer es dejar que se pongan enfermos y dejar que pasen por toda la infección, asegurándonos que tengan todos los nutrientes clave.

Permitiendo que la fiebre, que es una respuesta sabia y un mecanismo de defensa natural del cuerpo frente a un huésped que ataca el cuerpo, haga su trabajo y se creen anticuerpos contra esos virus.

 

Si por el contrario, suprimimos estos tan odiados síntomas como en el caso de la fiebre con antipiréticos, estamos suprimiendo y apagando la respuesta de defensa automática del cuerpo.

 

Así, lo único que conseguimos es que nuestros hijos no desarrollen un sistema inmune igual de fuerte y muy probablemente enfermen con mayor facilidad y la duración de las infecciones sea más larga, tanto en su desarrollo infantil como más tarde en su vida adulta.

 

MICROBIOTA Y EL 2NDO CEREBRO

Ahora bien, seguramente has oído hablar de que existe una grandísima conexión entre nuestro cerebro y nuestros intestinos. Al punto de que se le ha puesto el nombre de “segundo cerebro” a nuestros intestinos. Y es que en los intestinos tenemos más microbios que células humanas existen en nuestro cuerpo. Así que técnicamente somos más bacterias, hongos y virus que células propiamente humanas.

 

Cualquier parte del cuerpo tiene su propia comunidad de bacterias y casi 2 kilos de nuestro cuerpo está compuesto sólo de bacterias, superando en número a tus propias células por un factor de 1 a 10.

 

El genoma colectivo de estas bacterias es 100 veces mayor que el tuyo propio. Es decir, más que individuos, somos un ecosistema, o como dicen los científicos, un super-organismo. Esta comunidad de bacterias (de la que eres parte) ha vivido en equilibrio durante mucho tiempo y está intrincadamente vinculada a nuestra salud y bienestar.

 

FUNCIONES DE LA MICROBIOTA

Todos estos microorganismos, que en su conjunto llamamos microbiota, colonizan cada rincón de nuestro sistema digestivo desde que nacemos y contribuyen a funciones esenciales de la salud humana: como el desarrollo del sistema inmunológico, el procesamiento de los alimentos y la generación de energía, así como la síntesis de moléculas esenciales como las vitaminas y el desarrollo y función cognitiva.

 

Sin estos millones de seres invisibles, estaríamos también sin protección contra la intrusión de organismos patógenos invasores, pues nos ayudan a determinar lo que es tóxico.

 

Son estos millones de microorgansimos diferentes, que trabajan juntos sinérgicamente los que te protegen de los patógenos que pueden entrar en tu cuerpo. De controlar procesos tumorales y autoinmunes.

 

Y es que sin ellos, nuestro sistema inmune fallaría completamente. Se sabe que una persona sin microbiota seria una persona amenazada de muerte inminente.

 

El tener miles de diferentes de especies microbianas está relacionada con una mejor salud general. Una pérdida de esta riqueza microbiana se ha visto asociada con comunidades microbianas que producen menos cantidades de sustancias necesarias para la salud de nuestro intestino y con una producción elevada de sustancias pro-inflamatorias.

 

Por eso, la inflamación crónica de bajo grado se encuentra ligada también a procesos de desequilibrio intestinal. Y hay que señalar, que la inflamación es en realidad el mayor componente de todas las enfermedades crónicas que están en constante aumento desde hace décadas.

 

También es importante destacar la performance cognitiva. Hemos de entender que las bacterias y nuestro segundo cerebro afectan directamente a nuestro primer cerebro de muchas maneras: activando nuestro sistema inmune, a través del nervio vago, a través de señales hormonales o incluso a través de sustancias producidas por las bacterias. Pero básicamente, a mejor flora, mejor se desarrolla mi cerebro.

 

La bacteria Lactobacillus Reuteri es clave en la producción de vitamina B12, que es una vitamina necesaria para el desarrollo del cerebro y el sistema nervioso. Hasta el punto que sus bajos niveles están asociados a largo plazo con la demencia.

 

La bacteria Lactobacillus Rhamnosus ha demostrado bajar el nivel de estrés (niveles de cortisol en sangre), solamente usando esta bacteria. Por lo tanto, necesitamos buenas bacterias para un buen desarrollo en la infancia.

 

Toda nuestra función cognitiva, de memoria, aprendizaje, razonamiento, creatividad, etc., depende de un equilibrio entre los 2 cerebros. Además, la flora beneficiosa produce una sustancia llamada neurotrofina que desarrolla nuevas neuronas y ácidos grasos de cadena corta, los esfingolipidos, que mejoran las conexiones neuronales que tenemos y nos ayudan a crear nuevas conexiones y así tener más neuroplasticidad neuronal y aprender más rápido.

 

Estos esfingolipidos son producidos por unas bacterias llamadas bacterioides, que se desarrollan más rápido en las mujeres, por las cuales, el sexo femenino aprenden a hablar más rápido y tienen capacidades relacionadas con el lenguaje más rápido que el bebe de sexo masculino.

 

Además, se ha visto en estudios con ratones axénicos, es decir, que carecen de flora microbiana, que sufren más ansiedad que los ratones normales. La investigacion en humanos no ha hecho más que empezar, pero los primeros resultados parecen indicar que nuestras bacterias intestinales tienen una influencia en muchos aspectos de nuestro comportamiento y pueden incluso influir en enfermedades neurológicas graves, como el autismo, el parkinson o el alzeihmer.

 

Pero la dieta moderna, la excesiva higiene y los antibióticos parecen estar reduciendo el nivel de microbios que habitan nuestro organismo.

 

ACTUALIDAD ¿DONDE NOS ENCONTRAMOS HOY? -SOCIEDAD DE LA LIMPIEZA-

Hoy en día, nos vacunamos, ingerimos antibióticos, desinfectamos, esterilizamos,.. en nuestras sociedades desarrolladas la guerra contra los microbios se agrava y se vuelve cada vez más antiséptica. Nos hemos vuelto una sociedad encerrada en casa, donde abundan los desinfectantes y la excesiva obsesión por la limpieza.

 

Asociamos esterilización con salud y bacterias o parásitos con enfermedad. Pero la realidad es que sólo cerca de un 0.1% de las bacterias existentes, son patógenas para los humanos. Por eso, ¿deberíamos combatir contra todos los microbios sin distinción? ¿Representan todos, una amenaza?

 

Hasta cierto punto es lógico pensar que sí. El importante aumento de la esperanza de vida y la reducción de la mortalidad infantil durante el siglo XX no se debió a la lucha contra el cáncer ni enfermedades cardiovasculares, sino al control en la propagación de las enfermedades infecciosas con el aumento de la higiene en los hospitales y la invención de las vacunas y antibióticos.

 

Sin embargo, con cada avance médico, con cada paso hacia la ‘civilización’, suele haber consecuencias no previstas, y quizá hemos llegado a un punto en el que nuestro miedo a los gérmenes está causando más problemas de los que resuelve. A la vez que disminuye la incidencia de enfermedades infecciosas (sarampión, paperas, hepatitis A, tuberculosis…), aumentan de manera vertiginosa la inflamación, las obesidades, diabetes, alergias, enfermedades del hígado, problemas cardiovasculares y las enfermedades auto-inmunes.

 

En países industrializados, todas estas patologías se están propagando a un ritmo acelerado, sobre todo en las ciudades, y parece ser una consecuencia directa de ciertos cambios en la flora intestinal de las poblaciones.

 

Incluso ya se ha establecido una correlación claramente inversa entre el nivel de ‘suciedad’ o exposición a gérmenes y la incidencia de estas ‘nuevas’ enfermedades: los países más ricos en las zonas urbanas tienen entre 20 y 60 veces más casos de asma, alergia, rinoconjuntivitis y eccema que los países menos desarrollados.

 

Entre las tribus ancestrales la incidencia de asma es casi nula. En el caso de diabetes tipo 1 (enfermedad auto inmune) la diferencia es todavía más impresionante, siendo 400 veces más probable que la sufras si vives en Finlandia que en Venezuela. La incidencia de asma y alergia al polen en la Alemania occidental era mucho mayor que en la Alemania oriental, antes de la reunificación, a pesar de que Alemania occidental tenía condiciones higiénicas mucho mejores.

 

Nuestro sistema inmune evolucionó con parásitos y bacterias, y el intento de erradicación de estos microbios en pocas generaciones está interfiriendo con el correcto funcionamiento de la inmunidad. En el proceso de eliminar algunos enemigos que nos enfermaban, hemos eliminado también muchos amigos que nos ayudaban.

 

La coevolución con estos organismos, durante millones de años, moldeó nuestro sistema inmunológico de la misma manera que el oxígeno moldeó nuestro sistema respiratorio o que los alimentos disponibles moldearon nuestro sistema digestivo.

 

Modificar este ecosistema en pocas generaciones ha ocasionado problemas similares a modificar nuestra forma de alimentarnos en el mismo período. Esta nueva visión representa un cambio de paradigma en el entendimiento de nuestra propia biología, y como siempre, entenderlo requiere darse una vuelta por el pasado.

 

LA RIQUEZA MICROBIAL DE LA NATURALEZA

El agradable olor que sentimos en la naturaleza después del paso de la lluvia es producido por la geosmina.

 

Conocido ya como el nuevo Prozac, la geosmina, que significa en griego«aroma de la tierra», es una sustancia química producida por la bacteria Streptomyces coelicolor y algunas cianobacterias que se hallan en el suelo y son perceptibles típicamente cuando la tierra se humedece.

 

La geosmina activa hormonas a nivel cerebral, similar a la serotonina, un neurotransmisor relacionado con el placer, modulador de las emociones y del estado de ánimo, aunque cumple también otro tipo de funciones como la regulación del apetito, el control de la temperatura corporal y la regulación del apetito sexual.

 

Neurobiólogos de Estados Unidos han demostrado cómo solamente con oler el suelo mojado después de una lluvia, sentimos bienestar y placer gracias a la geosmina.

 

Pero más allá del simple oler, estos expertos recomiendan que los niños pasen al menos 1 hora de su día ensuciándose con el lodo y el barro.

El suelo de bosques y praderas contiene mas bacterias y hongos que el de la tierra cultivada, a menudo afectada por los pesticidas.

 

En los sistemas naturales o seminaturales como los bosques se obtienen especies estabilizadoras con menos patógenos. Los suelos más empobrecidos son menos eficientes y más vulnerables a la invasión por microorganismos patógenos, peligrosos no solo para los cultivos, sino también potencialmente para nuestra salud.

 

Sin embargo, un suelo sano nos proporciona protección contra los ataques, aumentando su fertilidad al tiempo que almacena carbono, purifica el agua y limpia la contaminación.

 

El equilibrio crucial de nuestro suelo está controlado por los miles de millones de los llamados microbios buenos que viven allí. Sin estos microorganismos, nuestros suelos morirían, y nosotros con ellos. No es pues exagerado decir que la contaminación y empobrecimiento de nuestros suelos es literalmente el empobrecimiento de nuestra salud y la amenaza de nuestras vidas.

 

Además, no hay que olvidar que gracias al suelo de los bosques hemos descubierto bacterias que nos han ayudado en la creación de nuevos y milagrosos antibióticos, antifúngicos e incluso antitumorales para diferentes tipos de cáncer: como el de colon, higado, pulmon y mama.

 

¿POR QUÉ DEBEN NUESTROS HIJOS JUGAR CON LA TIERRA?

Con una gran parte de la población mundial viviendo en ajetreadas ciudades, los miedos a las pandemias y el querer tener nuestra casa aséptica como una mesa de quirófano se han vuelto la nueva normalidad.

 

Así, nuestros hijos dejan de jugar fuera, con lo que dejan de estar expuestos a los gérmenes que hay en la tierra, en la naturaleza, que pueden favorecer enormemente el sistema inmune más adelante a lo largo de sus vidas.

 

Un estudio publicado sobre microbios en los intestinos, boca y piel en personas de los Yanomami, un pequeña y aislada tribu de recolectores y cazadores seminómadas que viven en una remota región montañosa en la selva del sur de Venezuela, muestra cuánto podría alterar la vida moderna a las bacterias corporales de los seres humanos.

 

La tribu Yanomami, aislada del mundo exterior hasta el 2009, posee la más diversa colección de bacterias jamás halladas en personas, incluso algunas nunca detectadas antes en seres humanos.

 

A los investigadores les sorprendió hallar que los microbios de los Yanomami albergaban genes resistentes a los antibióticos, incluyendo aquellos resistentes a los antibióticos fabricados por el hombre, considerando que nunca estuvieron expuestos a medicamentos comerciales.

 

Este estudio sugiere que la microbiota humana pre-moderna estaba compuesta de una mayor diversidad de bacterias y una mayor diversidad de funciones bacteriales cuando se compara con poblaciones afectadas por prácticas modernas, como alimentos procesados y antibióticos.

 

Los investigadores analizaron muestras microbianas de 34 de los 54 pobladores Yanomami. Estas fueron comparadas con un grupo de estadounidenses, con las de otro pueblo indígena del Amazonas venezolano, los Guahibo, y residentes del área rural de Malawi, en el sur de África.

 

El estudio halló que los Yanomami tenían dos veces el número de variedades de microbios que los sujetos estadounidenses y 30 a 40% más diversidad que los malauíes y los Guahibo. Algunas de las bacterias halladas en los Yanomami, pero no en los otros grupos, generan efectos beneficiosos como la protección contra cálculos renales.

 

Como ya hemos dicho, un descenso de la diversidad de microbiota se ha demostrado que está relacionado con el aumento en las décadas pasadas de enfermedades inmunológicas y metabólicas como el asma, alergias, diabetes y obesidad. Y es que, cuando los niños pasan más tiempo fuera al aire libre, sobretodo en la naturaleza, tienen un menor riesgo de sufrir alergias, asma, y enfermedades autoinmunes.

 

Estos niños que pasan más tiempo en el exterior presentan menos inflamación y menos problemas respiratorios. Además, tienen una mejor salud mental, tanto en la función cognitiva como en el comportamiento y los estados emocionales.

 

Una investigación llevada a cabo en Bélgica demostró como los niños criados en granjas o ambientes rurales tienen una mejor salud que los niños que vivían en las ciudades. 

 

Otro estudio similar descubrió como la exposición de los niños al polvo en el ambiente de las granjas de vacas lecheras, reducía casi hasta 0 los casos de asmas y alergias.

 

¿Significa esto que tenemos que sacar a nuestros bebes del ambiente urbano y llevarlos a visitar una granja?

 

No es tan simple.

 

Los datos parecen indicar que tendrían que pasar en la granja varias horas al día y varios días a la semana para adquirir una protección real. A pesar de ello, el mensaje parece claro para los habitantes de las ciudades, incluso sin adquirir una inmunidad total, podemos al menos limitar los riesgos enriqueciendo nuestro ambiente microbiano.

 

Se ha visto también, sorprendentes resultados en la reducción de los casos de depresión en aquellos niños mas expuestos a la naturaleza, los bosques, arboles, el océano, ríos, lagos y animales. Por todo ello, son también increíblemente beneficiosos los llamados baños de bosque, o sea los paseos por el bosque, que tienen un gran impacto en la estimulación de nuestro sistema inmune. Esto a su vez, mejora también nuestra función cerebral cognitiva y nuestro estado de ánimo.

 

Y lo que es más sorprendente, un estudio reciente vio como los niños que pasaban más tiempo libre en el exterior, con mucho espacio, rodeados de naturaleza, tenían por lo general Coeficientes Intelectuales más altos que los que pasaban una infancia en las ciudades alejados de la naturaleza y encerrados en espacios pequeños.

 

Después de analizar todos estos estudios, la conclusión se hace bastante evidente y es que nuestros hijos deben pasar más tiempo en la naturaleza para prevenir enfermedades, estimular su función cognitiva, hacerlos más felices y menos depresivos y para en general, proporcionarlos una salud más fuerte.

 

Pero ¿importa la edad a la que los exponemos?

 

La respuesta es: Sí.

 

El feto en el útero es estéril, pero es en el nacimiento que el nuevo ser humano descubre el mundo de los microbios. El bebe será colonizado por cientos de miles de millones de bacterias el primer día de vida. Las primeras que se instalen en el interior del intestino, seleccionaran a las siguientes en llegar hasta estabilizarse y conformar una firma personal.

 

Se producen importantes desarrollos condicionados por la forma en la que nace el bebe hasta los 3 años, que es ya cuando la microbiota se ha construido, diversificado y se ha convertido en extraordinariamente estable. Desde el nacimiento y durante los primeros años de vida, estas miles de especies diferentes de microbios moldean el organismo entero del bebé, determinando completamente su salud futura.

 

En otras palabras, la exposición a la naturaleza, incluidas granjas y la convivencia con todo tipo de animales, antes de los 2-3 años de edad, o sea, durante el desarrollo de la microbiota y el desarrollo del sistema inmune del niño, es clave para la salud de su vida adulta. Esos 2 primeros años de vida constituyen también el periodo en el que el pulmón se esta desarrollando. Por lo tanto, si conseguimos exponer a nuestros hijos antes de los 3 años de edad a toda una rica y diversa comunidad de microbios presentes en la naturaleza, habremos conseguido darle uno de los mayores regalos que podemos hacer a nuestros hijos por cuidar de su salud futura.

 

Pero significa esto que no podemos hacer nada más allá de los 3 años?

 

Evidentemente que no. Nunca es tarde y hay un gran número de cosas que podemos hacer, incluso a una edad muy avanzada, para aumentar la riqueza, diversidad y numero de microbios o microbiota que hay en nuestro cuerpo. Si te interesa conocerlas, te dejo un video en la descripcion donde te explico 8 cosas que puedes hacer para mejorar la salud microbial de tu hijo.

 

CONCLUSIÓN

En conclusión, solemos vernos como seres separados, y pensamos que la misión de nuestro sistema inmune es eliminar todo lo que no sea nuestro, ‘nosotros contra ellos’.

 

Es importante considerar que no somos solamente un organismo humano, somos una simbiosis entre nuestra parte humana y nuestros microbios. Así que quizá haya llegado el momento de pensarnos gracias a los microorganismos, no como individuos, sino como ecosistemas.

 

Lo que somos no esta determinado únicamente por lo humano que hay en nosotros, las bacterias nos influyen en quién somos y cómo somos.

Obviamente este nuevo entendimiento no invalida la tradicional teoría microbiana de la enfermedad (germen = patología), simplemente la completa.

 

Algunos microbios causan enfermedad sí, pero ahora sabemos que la ausencia de muchos otros, también. Mantener una población microbiana sana y variada en los recovecos de nuestro intestino es una manera eficaz de protegernos contra muchas enfermedades del cuerpo y también de la mente.

 

El sistema inmunológico espera estímulos, más pronto que tarde, y esos estímulos deben provenir de los mismos organismos que siempre pensamos que debíamos eliminar (microbios y parásitos). Cuando no los recibe en la infancia, es propenso a reaccionar de manera exagerada posteriormente en la vida adulta, produciendo un sinfín de enfermedades, alergias y enfermedades auto inmunes. Al igual que nuestros músculos requieren estrés para no atrofiarse, nuestro sistema inmune requiere ciertos ‘desafíos’ para funcionar correctamente.

 

Los microbios llevan en la tierra miles y miles de millones de años más que nosotros y son nuestros aliados indispensables. En vez de intentar exterminarlos, quizá debamos cuidar muy bien de ellos y encontrar la forma de vivir en equilibrio, tal como espera nuestro cuerpo.

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